jueves, 12 de abril de 2007

London calling (II)

"Elige la vida. Elige un trabajo, elige una carrera, elige una familia, elige un televisor grande que te cagas...". Son palabras de Ewan McGregor encarnando a Mark Renton en la famosa película de Danny Boyle "Trainspotting". Si bien es cierto que la mayor parte del film se desarrolla en Edimburgo, un fragmento muy importante del mismo transcurre en Londres. Aquí aparece la ciudad como escenario perfecto de la huída y regeneramiento de Mark: encuentra ese trabajo, un pequeño apartamento y comienza a ahorrar. La ciudad de las rosas y los leones, majestuosa pieza del engranaje capitalista se muestra a Renton como su redentora, eso sí, a cambio de una suculenta suma de libras semanales. Y es que en Londres todo se paga por semanas. Incluso se cobra por semanas.

Y si el gasto es una de tus mayores preocupaciones, apunta este dato: 1 libra= 1,44 euros. Por unas 30 podrás asistir en pleno West End a espectaculares obras musicales o piezas teatrales, como "Cabaret" o "We will rock you", éste último en el Dominion theatre. Eso sí, sé listo y compra tu localidad en taquillas alternativas situadas en estaciones de metro o tiendas de souvenirs, inidicadas por grandes carteles humanos. Te saldrá a mitad de precio.

Aunque si lo que te gusta son las obras más sobrias y literarias, no puedes dejar de visitar la increible reconstrucción del teatro donde se representaban las obras de Shakespeare, el Shakespeare´s Globe Theatre. Otra ercomendaciónl, intenta sacar plaza para una de las reperesentaciones, te sentirás como la plebe en "Shakespeare in love ".
No olvidéis cargar de nuevo vuestro i-Pod con canciones como "London calling" de The clash o "God save the Queen" de los Sex pistols para callejear por el entramado de calles londinenses. Hasta tres años deben estudiar los taxistas el callejero para sacarse la licencia.

El descubrimiento de Petra

A pesar de que hace doscientos años desde que Johann Ludwig Burckhardt redescubrió Petra para los occidentales, los turistas de hoy seguimos quedándonos con la misma cara de alucinados que seguramente el joven suizo tenía cuando la vió por primera vez. Él se dirigía a Egipto en un época en la que los viajeros no eran bien recibidos y corrían peligro sus vidas. En Jordania oyó hablar de una ciudad oculta en las montañas y haciéndose pasar por un devoto musulmán se lanzó a buscarla por el desierto. Yo no tuve que aprender el idioma y la religión del Corán para poder verla, mi vida no estuvo amenazada y las comodidades de la vida moderna me pemitieron visitarla sin contratiempos, pero sorteando turistas y a contrarreloj. Envidio a Johann porque pudo disfrutarla en medio del silencio sepulcral del lugar, seguramente sólo roto por los pasos de su camello y las conversaciones con su guía beduino. A nosotros nos queda la opción de levantarnos muy temprano, llegar antes de que aparezcan hileras de autobuses repletos de turistas e imaginar que somos viajeros de otras épocas que buscan víveres y descanso en la ciudad de los nabateos.

Y no es difícil imaginar en un lugar que sigue siendo un misterio para los historiadores, casi una ciudad fantasma que espera paciente que sus antiguos habitantes salgan de sus tumbas y la vuelvan a ocupar. Los griegos le dieron el nombre, los desconocidos nabateos la habitaron durante siglos y el imperio romano la conquistó después, dejando todos su huella esculpida en la piedra. Los arqueólogos creen que los magníficos templos, las tumbas, el teatro y las canalizaciones de agua excavadas en las rocas que se conservan son sólo la punta del iceberg de una ciudad escondida que ellos se afanan en desenterrar.

Descubrir la fachada de El Tesoro del Faraón después de recorrer el angosto desfiladero de El Siq es una experiencia inolvidable. Steven Spielberg lo explotó para el cine en Indiana Jones y el templo maldito, pero Petra es sólo una anécdota en esta superproducción hollywoodiense. Hasta la fecha no ha habido ninguna película que la utilice como escenario de lujo de una historia interesante. Petra, aunque parezca increíble, está aún por descubrir y acercarse a ella y echar a volar la imaginación es el primer paso para ello.

miércoles, 11 de abril de 2007

London calling (I)

Son muchos los símblolos que nos llaman de Londres: el Big Ben o Buckingham Palace por decir dos, pero los conocemos realmente poco. Ben, por ejemplo, se llama la campana de 13 toneladas que encontramos dentro de la torre, en cambio, no llames a las puertas de Palacio si la Union Jack ondea porque la Reina no estará en casa.

Quizás sea el deseo de dar a conocer un poco mejor la ciudad lo que ha llevado a numerosos cineastas a hacer de "La city" su escenario. La podemos apreciar majestuosa y apocalíptica en "V de Vendetta", soleada y romántica en "Las muñecas rusas" o dramática y autodestructiva en "Match Point". Emblemáticas dos escenas: la pelota sobre la red de tenis al principio del film, y el anillo rebotando en el borde del Thamesis. Una teoría resumida en dos planos.

Aunque no solo los cineastas tomaron Londres como fondo de desarrollo de sus obras. Sir
Arthur Conan Doyle sitúa a su personaje más famoso en el 221Bde Baker Street, una dirección que en realidad no existe. Y es que es justamente en esa calle del distrito de Marylebone londinense donde el detective Sherlock Holmes fumaba su pipa y resolvía casos junto a su chimenea y junto a su inseparable colega Watson.

En aquella época de calles terrosas y coches de caballos áún no circulaba por las streets londinenses el famoso Austin FX4, de color negro por 1965, cuando comenzó a comercializarse, pero verde o rosa e impregnado de carteles publicitarios hoy día. Carteles convertidos en las últimas décadas en un símbolo más de la ciudad: Sanyo, TDK o McDonalds forman ya parte de la arquitectura de Picadilly Circus.


miércoles, 4 de abril de 2007

Paris, je t´aime (I)


Paris I love you, Paris te quiero,Paris ti amo, Paris ich liebt Sie... lo podremos decir en cualquier idioma pero nos seguirá sonando igual de bien. "Paris je t´aime", un film compuesto por 18 breves historias donde el amor es el protagonista común, nos muestra cada uno de los "arrondissements" de la capital francesa a través de los ojos de algunos de los más célebres directores cinematográficos.

Montparnasse, Le Marais, la Torre Eiffel, La Bastilla, Montmartre... el amor flota por cada una de sus calles, cafés o esquinas. Podríamos conocer el arte del amor visitando la Place du Tertre en pleno corazón de Montmartre, entre artistas con atuendos de principios de siglo y caballetes de madera, o caer rendidos a los pies de un foulard Louis Vuitton en su tienda de Los Campos Elíseos. El amor es algo tan subjetivo como puede serlo Paris. Por eso si estas vacaciones decides visitar la ciudad de la luz, compra nada más llegar un ejemplar de Paris Pratique, índice de todas las calles de Paris, transportes e información esencial para situarse y moverse por la ciudad. Imprescindible incluso para los parisinos. No sabemos si Robert Doisneau tenía una de estas guías, o era un amplio conocimiento de los entresijos de la ciudad lo que le permitía inmortalizar estampas como El Beso.

Casi tan imprescindible como el beso en el amor lo es el vino en Francia. Por eso la ciudad del Sena está salpicada de pequeñas bodegas "Nicolas". Estupendas boutiques del vino donde sus simpáticos dependientes te aconsejan y te asesoran sobre la bebida más típica del país. Un Cabernet Sauvignon o el joven y célebre Beaujolais, que cada noviembre sale a la venta respaldando su relativa juventud con una gran campaña publicitaria: le Beaujolais Nouveau est arrivé!!!!

De la misma manera, pero por verano, llega cada año un pedazo de la Côte d´Azur a las aguas del Sena: Paris-Plage no solo nos propone tomar el sol a los pies del Pont Neuf, sino también deportes veraniegos como el Volley-Playa o actividades culturales con proyecciones de películas al aire libre.
Claude Lelouch bien podría ser uno de sus protagonistas. Este realizador francés, famoso por películas como "Un homme et une femme", sembró la polémica con el cortometraje "C´etait un rendez-vous", donde bien podemos apreciar a velocidad de bólido setentero todas las calles emblemáticas de Paris. Quien sabe si este año en las actividades culturales de Paris Plage proyectarán "Paris, je t´aime".

Paris, je t´aime (II)

Son muchas las perspectivas desde las que filmar París: Roman Polanski lo hacía siguiendo a un Harrison Ford ansioso por encontrar a su mujer en "Frenético", y Jean-Luc Godard, el nombre mas conocido de la Nouvelle Vague, nos enseñaba los Campos Elíseos de la mano de unos jóvenes Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg en "Al final de la escapada". En este último film, su director, Godard, revolucionó a través de su manera de rodar el cine francés: ruptura de la narrativa audiovisual clásica por medio del montaje o historias de personajes irreverentes son algunas de sus marcas más personales.

Pero si algún director filmó París embriagado por el deseo de contar historias de amor con objetivo de su cámara, ése fue François Truffaut. Por medio del personaje de Antoine Doinel, su alter ego, el realizador francés nos mostraba la madurez sentimental de ese joven con su trilogía "Besos robados", "Domicilio conyugal" y "Amor a la fuga".
Si fuéramos alguno de los personajes de Truffaut, Godard o Jean Vigo compraríamos el famoso pain au chocolat, o el aún más rico pain au chocolat aux amandes, en alguna de las numerosas boulangeries repartidas por toda la ciudad, y disfrutaríamos de una increíble y poco conocida vista de la antigua Lutetia, degustando un té rojo, desde la cafetería de la terraza del Institut du Monde Arabe.

Y si quisiéramos poner banda sonora a nuestra historia de amor, o alimentar nuestro i-Pod para callejear por París , eligiríamos a los clásicos Serge Gainsbourg o Jacques Brel, o a los más recientes Philippe Poirier, Françoiz Breut o Da Silva.

martes, 3 de abril de 2007

Livingstone Las Vegas

Desde luego la famosa película protagonizada por Nicolas Cage, (Leaving Las Vegas), no es la más recomendable para que entren ganas de visitar esta peculiar ciudad del Oeste de Estados Unidos, pero sí que es un film bastante realista de algunas situaciones que se pueden dar en esta ciudad. El guión está basado en la novela de John O' Brien que narra la historia de un guionista de Hollywood que es despedido de su trabajo y se traslada a Las Vegas, donde pretende beber hasta morir. Lo triste del asunto es que es autobiográfica y surgió en uno de los pocos momentos de sobriedad de su autor, quien se suicidó pocos meses antes de que la película fuera estrenada.
Sin embargo Las Vegas es mucho más que alcohólicos y ludópatas. Vale la pena visitarla porque es entrar en un parque de atracciones para adultos. Está situada en medio del desierto más absoluto y fue creada de la nada para que convivieran en el mismo espacio y tiempo dos mundos igual de reales. Por una parte el del juego y el desenfreno y por otra el de la vida diaria y rutinaria. Es muy aconsejable hospedarse (aunque sea sólo una noche) en alguno de sus famosos hoteles. Uno de los más originales puede ser el Luxor, que al ser su estructura una pirámide egipcia sus ascensores no son "elevators" sino "inclinators". Cuando se va subiendo se nota como el cuerpo va inclinándose conforme se alcanzan las plantas más altas. Se pueden conseguir precios muy interesantes por una Pyramid spa suite con jacuzzi y vistas a la avenida principal las noches de los domingos y lunes (no hace falta hacer reserva anticipada, sólo acercarse a la recepción y preguntar los precios de las habitaciones para ese día). Otro dato curioso es que los famosos casinos están situados en las planta bajas de todos los hoteles, y por tanto cada vez que se quiere ir a la habitación del hotel se tiene que pasar por todas las máquinas y mesas de juego, ¿por qué será?.
Pero sin duda la obra maestra del cine que se desarolla en Las Vegas es Casino de Martin Scorsese. ¿Qué decir de las interpretaciones de leyendas vivas del cine como son Robert de Niro, James Wood o la deslumbrante Sharon Stone?.

Ah! Y para los que necesiten una dosis semanal de instántaneas de esta ciudad siempre les queda la popular serie de televisión CSI Las Vegas.

lunes, 2 de abril de 2007

De motos y romanos

Descubrí Roma desde el número 15 de la Via della Croce. Un bonito apartamento sin ascensor en el último piso de un viejo edificio, antes palacio del XVII, al que costó subir a pie el maletón del viaje. Ahora, pensando en ella para este blog, me he dado cuenta de que Roma y el cine están unidos por una moto. Esta maravillosa ciudad cargada de arte e historia se muestra a menudo en la gran pantalla de la mano de pequeñas vespas que recorren veloces sus calles adoquinadas.
El mejor ejemplo Vacaciones en Roma (1953), donde la pareja formada por Gregory Peck y Audrey Hepbrun paseándose por los monumentos romanos convirtieron a la joven actriz holandesa en estrella mundial.
También Nanni Moretti en Caro Diario (1993) recrea la vida cotidiana de una calurosa Roma en el mes de agosto montado en su vespa, y Manuale d’Amore (2005) de Giovanni Veronesse reflexiona sobre las diferentes trayectorias del amor a través de cuatro historias independientes; en una de ellas un joven y su vespa persiguen a la chica de sus sueños por plazas y avenidas.

Lo que más me impactó cuando la visité, los restos del foro y su imponente Coliseo, del que desgraciadamente no se conserva ni la mitad de lo que fue. Cuando volví a Valencia me fui corriendo al vídeo-club para alquilar Gladiator (2000). Quería verlo en todo su esplendor, revestido de mármoles blancos y con el velarium desplegado para dar sombra al público. La película de Ridley Scott, al que los entendidos acusan de poco rigor histórico, no me defraudó. La reconstrucción del anfiteatro y la música del alemán Zimmer interpretada por la sugerente voz de Lisa Gerrad consiguieron ponerme los pelos de punta. Confieso que lloré viendo a Maximus luchar, en sentido literal y figurado, por lo que creía justo, a pesar de que la envidia y los complejos del emperador Cómodo le habían arrebatado lo que más quería.